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Distopia

Historias de vidas: Fuego y Miedo

Historias de vidas: Fuego y Miedo

                                Historias de vidas: Fuego y Miedo

 

El joven muchacho había organizado todo perfectamente. Ningún detalle fue librado al azar. Su padre había comprado años atrás un revolver calibre 38 que era vital en los planes del adolescente de unos dieciseis años.

La mañana del lunes catorce de marzo tomo el arma y la guardo en su mochila.

El sábado anterior había salido a pasear con su familia. Hacia años que no la pasaba tan bien en una salida familiar. En gran parte fue por la voluntad que el puso para que se desarrollara de esa manera manteniendo un buen humor, forzado al principio, pero voluntario mas tarde cuando se dio cuenta de la influencia que su estado de animo podía tener en los demás miembros de su familia, ya sea en su hermanito menor, su hermana un año mayor que El o sus padres, quienes creyeron erróneamente que su hijo había superado la etapa de depresión y aislamiento que había vivido los últimos meses.

El Domingo le pidió a su amiga Melisa y a sus amigos Hernán y Pablo que lo acompañaran al Parque Rivadavia para recorrer rápidamente con la vista los libros del lugar y sentarse en el pasto con unas gaseosas y unas galletitas en una especie de Picnic. A sus amigos les sorprendió la salida. No eran íntimos amigos y últimamente se habían alejado bastante pero la pasaron bien.

Al regresar a su casa se sentó en su computadora como hacia todas las noches y se dedico a escribir una carta para su familia y sus amigos en la que se despedía y les pedía perdón y otra para El mismo en donde reflexionaba sobre los motivos de lo que estaba por hacer, en cierta manera se explicaba a Él mismo la razón del camino elegido. Creía firmemente que al único que le tenía que dar explicaciones era a El mismo ya que nadie se había molestado nunca en darle explicaciones a Él sobre el mundo en el que le tocaba sobrevivir. Aún así no pudo evitar tratar de justificarse una y otra vez ante quienes pudieran ser los futuros lectores.

Resignación, Monotonía, Hipocresía, Soledad, el sin sentido de su vida y la de todas las personas que conocía eran los puntos centrales. Colocó las cartas a la vista, secó una lagrima y apago la maquina con tranquilidad.

Mas tarde saldría de su cuarto para cenar y por primera vez se dispuso a conversar con su familia que sorprendida y contenta continúo con una de las pocas charlas familiares que habían disfrutado en mucho tiempo.

La noche fue agradable y olvido por completo lo que haría la mañana siguiente dejándose llevar por sus sueños y fantasías.

Su madre lo despertaría la mañana siguiente con unas masitas que a El le encantaban, finalizado el desayuno se avoco a lo que había fantaseado primero y planeado después durante meses. Con el arma de su padre en la mochila partió rumbo al colegio.

Para llegar utilizaría la Línea de Subte E pero en el camino su mirada quedaría perdida durante minutos en los ojos de una joven muchacha que le sonreía desde el otro lado de vagón. Se intercambiaron miradas y sonrisas reiteradas veces sin prestarle atención al resto de las personas que los rodeaban, durante minutos vivieron en un mundo aparte donde solo existían ellos y donde la sensación de conocerse de toda la vida los embriagaba de placer.

La muchacha bajaría en la estación Emilio Mitre, justo una antes de la que se debía bajar El, pero sin preocuparle esto y lanzándose a lo que sentía como una aventura como si no tuviera nada que perder se bajo tras ella y se animo a hablarle. Pasarían más de una hora paseando y hablando por el Parque Chacabuco hasta que el muchacho volvió en si y recordó el objetivo del día. Despidiéndose amablemente y prometiendo sin intenciones de cumplirlo regresar al Parque luego de sus clases retomo el rumbo y comenzó a caminar hacia el colegio. Obviamente llegaría tarde pero en ese momento eso no era una de sus preocupaciones. Ingreso al colegio y se encontró con sus amigos Melisa, Hernán y Pablo que le avisaron que había logrado evitar la falta ya que el profesor se había ausentado y no habían pasado asistencia.

Finalizado el recreo y con sus compañeros regresando al aula advirtió que era el momento de poner en marcha todo lo que había practicado en mas de una oportunidad. Introduciendo la mano suavemente en su mochila tomo el arma y se dispuso a comenzar a cumplir su venganza justo en el preciso momento en que un mensaje de texto resonaba en su celular que acostumbraba a tener en vibrador pero que en esta oportunidad no le había dado importancia. Con un poco de fastidio retiro la mano del arma para tomar el celular. Un mensaje de su madre que se había ido temprano en la mañana le preguntaba si las masitas que le había preparado le habían gustado. Sus compañeros habían regresado al aula, su materia favorita comenzaba y por su mente comenzaron a pasar uno tras otros los recuerdos de las salidas y conversaciones que su buena voluntad y desinhibición habían provocado los días anteriores en el picnic con sus amigos, la cena y la salida con su familia y el encuentro con la joven muchacha del Subte. No pudo contener una sonrisa. Contesto el mensaje y comenzó a disparar. 

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